El caso I.C.O.N. muestra cómo la ausencia de compliance puede costar millones y contratos públicos
La CNMC multa a I.C.O.N. por fijar precios y restringir la competencia durante más de una década
El 12 de enero de 2026, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) hizo pública una de las sanciones más relevantes en el sector cosmético: una multa de 1.197.907 euros a I.C.O.N. Europe, S.L. por infringir las normas de competencia durante más de 14 años.
La empresa, dedicada a la venta mayorista y minorista de productos de peluquería, impuso precios de reventa obligatorios y condiciones comerciales restrictivas a su red de distribuidores, tanto en el canal físico como online. Además, prohibía la venta en marketplaces como Amazon, mientras que comercializaba sus propios productos en esa misma plataforma a través de una sociedad interpuesta, ocultando esta práctica a la CNMC.
Pero más allá de la sanción económica, la resolución incluyó una medida inédita: la prohibición de contratar con el sector público durante cinco meses, marcando un precedente en la aplicación directa del artículo 71.1.b) de la Ley de Contratos del Sector Público (LCSP).
La CNMC subraya el papel preventivo de los programas de compliance en competencia
La contundencia de la resolución ha puesto sobre la mesa una cuestión clave: ¿podría I.C.O.N. haber evitado esta sanción con un programa de cumplimiento eficaz? La CNMC deja claro en su Guía de Programas de Compliance (2020) que las empresas pueden atenuar su responsabilidad —e incluso evitar la exclusión del sector público— si adoptan medidas preventivas y correctoras adecuadas.
Estos programas deben incluir:
- El compromiso activo del equipo directivo.
- Formación específica sobre normativa de competencia.
- Sistemas de detección y control de riesgos.
- Canales de denuncia efectivos y seguros.
- Medidas disciplinarias internas proporcionales.
La Ley de Contratos del Sector Público incluso permite eludir la prohibición de contratar si se acredita la existencia de un programa de cumplimiento normativo implantado tras la infracción, junto con el pago o compromiso de pago de la sanción.
El caso I.C.O.N. evidencia las consecuencias de no contar con compliance en competencia
El expediente sancionador revela cómo la empresa impuso durante años precios de venta obligatorios, restringió descuentos y promociones, y controló a sus distribuidores mediante amenazas y represalias. Todo esto sin la existencia de mecanismos internos de compliance que pudieran detectar o frenar estas conductas ilegales.
Además, la CNMC detectó coordinación entre distribuidores para ofrecer respuestas comunes durante la investigación, lo que agrava la responsabilidad de la empresa.
De haber contado con un programa de cumplimiento eficaz, I.C.O.N. podría haber detectado riesgos, canalizado denuncias internas y corregido su comportamiento antes de ser sancionada. Incluso una adopción ex post —posterior a la infracción— habría podido moderar las consecuencias legales y reputacionales.
¿Por qué las empresas deben actuar ahora?
La resolución contra I.C.O.N. lanza un mensaje claro: la CNMC está dispuesta a aplicar con rigor todas las herramientas legales disponibles para castigar infracciones graves.
Ante este escenario, implementar un programa de compliance en competencia es una decisión estratégica. No solo evita riesgos sancionadores, sino que:
- Protege la reputación de la empresa ante el mercado y los clientes.
- Facilita el acceso a licitaciones públicas.
- Fomenta una cultura empresarial ética y sostenible.
- Y en caso de investigación, puede ser un atenuante clave ante la CNMC.
Una advertencia firme: el compliance ya no es opcional
El caso I.C.O.N. ha marcado un antes y un después. La CNMC ha reforzado su capacidad sancionadora y ha puesto el foco en las empresas que vulneran la libre competencia. Pero también ha dejado la puerta abierta a la prevención: las empresas que implementen programas de cumplimiento sólidos y eficaces pueden evitar sanciones tan graves como la impuesta en este caso.
Cumplir con la normativa de competencia ya no es solo una obligación legal: es una necesidad empresarial urgente para sobrevivir y competir en un entorno cada vez más regulado.
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