Por Óscar López – Director General de UBT Compliance

Mark Zuckerberg ha comparecido ante el Senado y el Congreso de Estados Unidos y ha pedido una mayor regulación en materia de privacidad. Lo hace, es obvio, a raíz del gigantesco escándalo que se ha formado por el acceso y uso que la empresa Cambridge Analytica dio a los datos de más de ochenta millones de usuarios de Facebook. Las autoridades europeas se han apresurado a recordar que a partir del próximo 25 de mayo será efectivo el Reglamento General de Protección de Datos, que establece unas obligaciones y sanciones muy superiores a los estadounidenses.

Eso sí, Zuckerberg ha recordado que si los legisladores se exceden, podrían reducir el crecimiento del sector, es decir, perjudicar a su negocio (y al de otros). Esto, en principio, es así: la regulación supone un obstáculo para el crecimiento, al menos a corto plazo. Hay quien achaca precisamente al exceso normativo que Europa no produzca grandes empresas del sector tecnológico, con la consiguiente pérdida de competitividad. Es un debate económico en el que no voy a entrar, pero sí quiero centrarme en la naturaleza del negocio de Facebook y de muchos de estos nuevos gigantes (y no tan gigantes) de la información.

La materia prima que utilizan muchas empresas de internet son los datos de carácter personal. Hay quien los ha definido como el nuevo oro o el nuevo petróleo. Y tengo la impresión de que durante mucho tiempo las empresas se han visto a sí mismas como compañías extractivas, sin prestar suficiente atención al hecho evidente de que esos datos no son un recurso natural en tierra de nadie, sino que tienen propietarios y generadores: los usuarios. Tal vez la metáfora adecuada sería que estas empresas negocian con productos que pertenecen y cultivan pequeños agricultores.

La cuestión es que internet es una revolución cambiante que no terminamos de asimilar, entre otros motivos porque no nos da tiempo. Las personas han entrado en las redes sociales, en buscadores, o en cualquier servicio on line como un espacio compartido sin ser del todo conscientes de que no son gratuitos. El escándalo Facebook está ayudando por fin a cambiar esta percepción. Tal vez ahora se abra camino la visión del usuario como un pequeño agricultor, propietario de una mercancía valiosa. Hasta la fecha, como dice el ensayista Yuval Noah Harari, vendíamos nuestros datos a cambio de vídeos de gatitos, lo que es indicativo del valor que les dábamos. El agricultor de datos, en cambio, empezará por poner condiciones de seguridad, transparencia y disponibilidad, y tal vez termine poniendo un precio.

¿Será esto negativo para el negocio, como sugiere Zuckerberg? Yo creo que no, que tal vez perjudique a corto plazo a su cuenta de resultados, pero que lo realmente negativo sería que la falta de regulación terminara por evaporar la confianza de los usuarios en servicios como Facebook. Un mercado más justo es siempre un mercado más eficiente. La gestión responsable del cumplimiento normativo y la protección de los datos va ser una garantía de éxito en el negocio a largo plazo al estar basado en el valor de la ética la responsabilidad y el buen hacer de las empresas. Metodologías efectivas de gestión de cumplimiento y concienciación es lo que necesitan las empresas.

Fotografía creada por Freepik

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